Paseaba por las calles de su ciudad miraba con un grado de orgullo las mesas en las rejas de los establecimientos estudiantiles. Era un agrado que la gente comenzara a reclamar por lo que creía que era justo y era necesario, pero siempre había un recuerdo que empañaba su mente.
-Antes del Golpe militar era así-
Torcía la sonrisa y un sabor amargo le venía a la boca, no sucedería nuevamente algo así, todos impedirían que sucediera. Suspiró, ya se encontraba en la Alameda y oía los gritos, la marcha estaba llegando a la casa de gobierno.
Los jóvenes demostraban su creatividad con carteles ingeniosos y burlándose de su jefe y gobierno –Es común que lo hagan- Pero las fuerzas armadas no permitirían que llegaran hasta el frontis de la Moneda.
Comenzó la batalla campal entre los carabineros y los manifestantes, un triste episodio que se repetía y a el no le gustaba, no le gustaba que algo tan significante se trasformara en vandalismo por unos pocos.
Se refugió en el interior de “su casa” con la pañoleta se cubría la cara para no ser afectado por los gases lacrimógenos aunque era casi imposible porque el ambiente ya se había contaminado con los tóxicos. Tosía fuertemente y se dirigía a la oficina del Mandatario.
Cuando abrió la puerta con los ojos llorosos por el gas no sabía si la vista lo engañaba o era un sueño…mejor dicho una pesadilla.
-¿Qué hace uste’ acá? Uste’ está muerto-
-Más respeto por el que fue tu Jefe supremo por 17 años-
-Esto es una pesadilla…-
La habitación de un momento a otro estaba envueltas en llamas, sudor que se confundían con lágrimas rodaban y caían por su mentón
-Los hombres no deben llorar- y el general lo golpeó derribándolo
-Por estas cosas nunca le tuve verdadero respeto, sólo miedo-
¿México?-Sala de Tortura
-¡Manuel!- Gritó mientras se avanzaba sobre le joven que estaba en el centro de la habitación, recostado en una camilla y en la cabeza tenía un especie de casco conectado a una máquinas. Tenía la sonrisa torcida, demostrado tristeza
-¿Es una máquina de tortura? ¿¡Pero quien sería capaz de hacer algo así!?-
Una máquina al más puro estilo futurista, ahora miraba a su alrededor tratando se liberar a su primo, al paso que se aceleraba su pulso no tardaría mucho en perecer. Levantó la vista, el techo era lo último que le faltaba por revisar y nuevamente había un escrito “Ojos que no ven, corazón que no siente”.La muchacha comenzaba a entender la temática, la frases eran pistas, debía pensar como pensaba su secuestrador.
-Parece a “Saw” o es realmente el Juego del Miedo-
Volvió a donde estaba Chile, pero se inquietó al ver que su condición había empeorado ahora tenía los ojos llorosos y comenzaba a sudar, su pulso se aceleraba. Estaban jugando con su mente.
-¿Qué debo hacer?¿que debo pensar?-apoyó las manos en el pecho del otro y repetía el refrán en voz alta –“Ojos que no ven, corazón que no siente”-
Rodaron sus ojos hacia la vista del joven, lo examinaron completamente, hasta que se detuvieron en una especie de cerradura, busco instantáneamente en los bolsillos de sus pantalones sin resultado, se sacó las zapatillas. Tampoco. Entre la ropa interior. Nada. El pelo. Negativo. Sólo le quedaban dos partes: La que no quería que fuera pero no por eso no era una posibilidad, su entrepierna, aunque no sentía nada por esa zona o la chaqueta que había dejado abandonada en el pasillo.
-Voto por la chaqueta antes que lo otro-
Antes de abandonar la sala en busca de la chaqueta observó un hilo de sangre que corría por los labios del chileno -Merda-, salió lo más rápido posible resbalándose un poco al llegar a la puerta.
Cuando trataba de recuperarse en el suelo divisó pequeñas manchas de color carmín en el piso y palpó sus labios con una mano, la habitación en la cual estaban se caía a pedazos rápidamente. Sintió un escalofrío que recorrió su espalda.
-¡No estoy llorando! - gritó
Se abalanzó sobre el hombre directo a su cuello ahorcándolo con toda su fuerza, lo veía sufrir y en cierto modo, sentía placer al saber que estaba sufriendo como tanta gente lo había hecho bajo su mandato
-D-Detente…Manu…-
-¡Nunca!...esto es por todos los que fallecieron bajo tus manos manchadas de sangre- mascullaba con los ojos llorosos
-¡Soy A-A..Adria-na!-
Y despertó soltando a la brasileña que volvía a respirar, estaba desconcertado se tomaba la cabeza con ambas manos, cerraba los ojos y los volvía a abrir y se encontraba en la misma habitación blanca con la muchacha convaleciente. Sentándose en la camilla fijaba su vista en los aparatos que hace pocos minutos había estado atrapado
-¿Qué esto?-
-Una maquina de control de mentes o algo por el estilo-pronunciaba aún con la voz un poco entrecortada-Manuel, no estamos en una situación común y corriente, si no somos cuidadosos…-
El chileno miraba el cuello de la muchacha en el cual estaban marcadas 2 manos, sus manos
-…nos podemos matar entre nosotros-
-¿Haz visto Saw?-
-Claro, gran pelicu…-Y todo tuvo sentido de un momento a otro.
-Yo estuve atrapada en un auto mientras el agua subía y me recordaba a las tan molestosas lluvias del año pasado, si yo no hubiera logrado escapar quizás tu ya no estarías-
-Dime ¿como me liberaste?-
Se produjo un silencio, la brasileña no pudo sostener la mirada, a Manuel le molestaba eso, ella lo sabía pero la pregunta le incomodaba.
-Verás…luego que escapé, dejé mi chaqueta que estaba mojada en el pasillo, fui intentando puerta por puerta para ver si encontraba a alguien o la salida pero nada hasta que llegué aquí. No hallaba ninguna forma de liberarte hasta que me fije en la cerradura del casco, busqué la llave incluso me devolví hasta donde estaba la chaqueta para encontrarla pero nada-
-Entonces ¿como lo abriste?,no lo entiendo-
-La…la… llave…estaba…en mi interior- se quebró su voz y no lo soportó más cayó al piso llorando.
Decidió no preguntarle nada más la abrazó y la levantó, se dirigieron a la salida dejando la habitación a sus espaladas sin haber visto en el interior del casco en la zona de los ojos una águila sobre un nopal y en su pico una serpiente.
Símbolo de México.
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